19.5.08

Narratología I

Ayer llevamos a Maite a una obra infantil de títeres por primera vez (más allá del retablo que montan los fines de semana en el Parque Lezama).

La obra tenía una estructura interesante: la titiritera salía al principio de la obra al frente del retablo a contar que se le había perdido su amigo Pikiyí, y les mostraba a los chicos fotos con cosas que ella había hecho con él. A cada foto le seguía, ya con ella detrás del retablo, la escena que correspondía a la foto. Al tal Pikiyí (lo lamento, pero les tengo que contar el final) lo había atrapado en una cueva la malvada Rata Cruel, pero sus amigos (el dragón Verdelino y Mimí la gata que amasa pan, por si se lo estaban preguntando) lo rescatan al levantar la piedra con la que estaba sellada la entrada de la cueva.

Y hete aquí la lección de narratología: con 3 años por cumplir, Maite dijo, cuando levantaron la piedra y Pikiyí salió de su trágico encierro, "Terminó". O sea, hay una estructura de arco narrativo que ya tiene incorporada - hay un conflicto, se levanta tensión, el conflicto se resuelve, final del asunto. Simple, efectivo, implacable.

La obra tenía una coda (una escena de reencuentro feliz, una moraleja obviable), pero evidentemente era prescindente. El asunto ya estaba finiquitado - sin embargo, tiene que haber algo después del clímax de la historia para cerrar. La película policial no se acaba cuando matan al malo, se acaba cuando la noche siguiente los dos detectives buenos están chupándose un whisky y reflexionando sobre la vida.

La estructura es simple, y es la de un acto sexual: hay tensión, se demora la resolución, se libera la tensión, se relaja el asunto. Shakespeare, en las tragedias, lo dividía en cinco actos matemáticamente: el primero presenta el conflicto, el segundo lo desarrolla, el tercero lo tensiona al extremo, en el cuarto hace la plancha, en el quinto lo hace explotar y en la última escena aparece un personaje que junta los pedazos.

Pero lo importante de todo esto es (aparte del hecho de que mi hija es brillante, cosa que dábamos por descontada) que esa estructura se absorbe desde las primeras historias, los primeros cuentos leídos a la noche, las primeras historias en la tele, las primeras películas.

No voy a ir tan lejos como para decir que esté "cableada" en el cerebro, pero definitivamente se tatúa ahí adentro. Y es por eso que cuesta tanto hacer y leer cosas que vayan en contra de esa estructura.

Aguante Pikiyí.

2 comentarios:

Cañete dijo...

Podría ser cierto, esa es la duda existencial, convendría traer un hijo a este mundo?.
Le estaríamos haciendo un favor o castigandolo?
Saludos!

Eric dijo...

Hay un libro que es "la biblia" del guión cinematográfico en Hollywood: Story de Robert McKee. Robert McKee da el curso de guión cinematográfico más top de EEUU... el mismo que parodian en la película "El ladrón de orquideas" (o Adaptation).

El libro básicamente analiza la estructura sobre la que se montan las historias, no necesariamente las cinematográficas (mientras leía el libro me puse a analizar Pinocho usando los elementos mencionados y cuando sin esfuerzo entendí por qué cerraba con una ballena casi se me caen las pantimedias). Si bien se puede pensar (antes de leerlo) que es un libro de "fórmulas cuadradas", sirve para explicar una enorme variedad de historias desde lo más profundo... no resuelve la creación, pero la estructura. Muy recomendable.