19.7.07

Que lo parió, don Roberto

Como bien dio mi amiga Sil, lo único que se puede decir cuando se muere alguien es "qué cagada". Bueno, se murió Fontanarrosa, y la puta madre que lo parió es una enorme cagada.

Como todos los escritores de humor, y cultores de historieta para empeorarla, el tipo no tuvo el reconocimiento que se merecía. Su humor era, además de increíblemente gracioso (que no es poco), contundente: además de una imaginación desbocada, el tipo tenía un ojo de aquellos y una forma de narrar más que eficiente. Escribía muy bien, sin hacer ninguna bandera pero escribía muy bien: el único tipo de escribir un cuento basado fundamentalmente en 528 formas distintas de decir "puto" sin perder la compostura ni caer en la guarrada, el único que le encontró (527 veces seguidas) la auténtica vuelta al fútbol como tema literario, el único que no tuvo un mal chiste en las decenas de miles de historietas que hizo.

Y era el tipo más humilde del planeta: efectivamente, debe haber 5 personas en la Argentina y alrededores (desafortunadamente soy una de esas 5) que no tienen algún autógrafo suyo con un Inodoro, un Mendieta o un Boogie. No hay una persona que haya laburado con él que no hablara maravillas, y él no tenía más que halagos y palabras de afecto y admiración genuinas para todas las personas a las que mencionaba. No importa para dónde, ya sea una revista barrial de Helsinki o la CNN, el tipo ponía onda en cuanto reportaje le hicieran, y siempre daban ganas de irse a tomar un café con el tipo aunque uno no hubiera estado presente en la charla.

Lo vi de cerca dos veces. Una ya la conté en este blog, en la entrega del Premio Clarín del año pasado cuando estuve sentado justo detrás de él. La otra también fue gracias a Clarín, en 2001 para la Feria del Libro. Era un programa radial de Magdalena en un estudio que habían montado en la Rural con el impresentable Andrés Oppenheimer, el gil que había ganado el Premio Clarín el año anterior y un montón de humoristas que salían de un panel de Ediciones de la Flor (recuerdo a Hermenegildo Sábat, Quino, Maitena, Rudy y Fontanarrosa). Yo estaba en un rincón, callado sin poder creer a los monstruos que tenía al lado. En un momento Magdalena le empieza a preguntar a Quino por Mafalda, que cómo era terminar con un personaje exitoso, que si se extrañaba, etc. Lo tenía a Fontanarrosa al lado, y le dije en voz baja "¿Y por qué no te pregunta por Boogie? Vos hiciste lo mismo con Boogie". Me miró con una media sonrisa y cara de "así es la vida". No es muy memorable mi anécdota Fontanarrosa, pero es lo que hay...

Y como homenaje, el de otro grande pero de la nueva camada: éste es el recuerdo de Liniers en La Nación. Inmejorable.



1 comentario:

Emilio Díaz (Orson) dijo...

La tinta, cuando sangra, nos revela las almas.
Hay austeridades repletas de sentido.
No se fue.
No se va.